Capítulo III: ¿CIA?


Recorríamos las calles de Italia subidos a una moto. Habíamos llegado allí hacia unas horas. Aún intento... procesar todo lo ocurrido en estas 48 horas.

Después de que Níobe desapareciera y mis padres llegaran, toda mi vida se torció bastante. Mis padres entraron al comedor, Helo había vuelto a su forma real... mejor dicho de siempre. Ya que no se cual es la real. Mi madre no paraba de llorar. Mi padre... o el que yo creía que era mi padre, le trajo un vaso de agua para que se tranquilizara.

- Cariño tranquila. - Le decía intentando conseguirlo. Parecía que no la conociera eso la pone aun más histérica.

- Callate! - Lo sabía. Me miro y resoplo unas cuantas veces. - Elía...

- Soy el hijo de Apolo? - Mi madre se sorprendió, pero asintió rápido.

Aquello me dolió más que el ostiazo contra el muro. Mire a mi “padre” y el apretaba los labios de rabia.

- Hace 19 años, tu padre... - suspiro – Esteban... y yo estábamos pasando una crisis en nuestro matrimonio. Así que decidimos separarnos. Y un día en el club de Arco...conocí Apolo. Claro que el se presento como Al, quedamos un par de veces. Fuimos a exposiciones de arte. Recitales de poesía. Y una noche...

- Vale. Corta. YA! Me hago una idea. - Que asco me vino a la cabeza imagines mu chungas... que asco.

- Me quede embarazada, y cuando fui a contárselo a tu padre, me confeso todo el peligro que corríamos los dos. Se lo contó a Estefan y decidimos escondernos, lo curioso es que conseguimos superar el bache, y Estefan decidió criarte como si fueses suyo – Mire a mi padre y me sonrió, aguantando las ganas de llorar - Y Apolo nos mando perros celestiales para protegernos...

- Helo... - mire a mi perro que jugaba con su cama – y los otros dos que tuvimos... Orion y Luna...

- Esos fueron mandados por tu tía Artemisa – asintió sonriendo – Una de las veces, cuando tu eras niño una criatura de ataco y te dejo muy mal herido. Apolo y Artemisa desvanecieron a toda esa raza de criaturas y él no se separo de tu lado en todo el tiempo que estuviste en el hospital. Cuando despertaste dejo el llavero que tienes para desviar tu señal de Semidiós...

- ¿Por que no me lo contaste antes? - sentí rabia.

- ¿Como te iba a decir que no podías llevar una vida normal. Como te iba a decir que tuvieras miedo continuo? Hice lo que creí mejor. - miro Alejandra – Y que haya venido la hija de tu tía no es señal de buen augurio.

- Como lo sabe? - dijo Alejandra a la defensiva.

- No tengo que ser una de los oráculos de tú tío para saberlo. Es la profecía verdad?
- ¿Qué profecía? - Mire Alejandra que suspiro fuerte. Mire a mi madre que puso los ojos en blanco.

- Doce hijos delos dioses lucharan, contra aquellos olvidados.
La luz les guiara para la victoria alcanzar.
La sabiduría principal no funcionara,
ya que traicionera sera.
La diosa de la antigua antorcha,
sus respetos mostrara a estos héroes con uno más.
Así en la batalla triunfaran, para acabar con los olvidados o
su propio final los olímpicos encontraran.

Recito mi madre, lo dijo de carrerilla, y aunque se que hablaba mi madre a su vez oí una voz muy siniestra... la misma que la de esta mañana, haciéndole eco a mi madre.

Alejandra la miro incrédula.

- ¿Como? ¿Como sabe la profecía? Los mortales no deberían...

- Nunca olvidare esa voz el día que nació Elía... la recito en cuanto el empezó a llorar, y se me grabo a fuego en la mente. - dijo mirándola con una tristeza

- Por eso he venido. Para llevarme a Elía para protegerlo y encontrar a los 10 que faltan.

- 11 – decía mi padre.

- ¿Qué? - le miramos los 3

- La diosa de la antigua antorcha, sus respetos mostrara a estos héroes con uno más. Una diosa con antorcha, os dará uno más. “Un héroe” más.

Alejandra resoplo

- Eso significa que hay unos más suelo por el allí... - Yo no aparte la mirada del suelo. - Elía se que es mucho que digerir, pero...

- Voy contigo – todos me miraron – si los sueños del búho son reales, otros semidioses... “primos” están en peligro ¿no? - Alejandra asintió – Pues te ayudare. No me voy a quedar aquí esperando a que me maten. Y no mamá no puedes convencerme. Ni tú papá, si papá aunque no biológico, eres el que me a regañado, castigado y protegido de manera normal, así que tú eres mi padre. Y no quiero oír nada más. Helo se quedara aquí con vosotros. Yo estaré protegido por Alejandra. Y supongo que al ser hijo de Apolo sabre usar armas.

- Mas que nada el arco – dijo Alejandra.

- Eso ya lo sabía hacer... pero por mi madre. - Abrace a mis padres fuerte – No os preocupéis estaré bien.



- Estoy preocupado, y no estaré bien si sigues conduciendo así loca! - le gritaba a Alejandra, que esquivaba a coches, peatones y todo lo que se le pasaba por delante, mientras caía lluvia. Si los enemigos de mi padre o aquellos que no querían que se cumpliera la profecía no me mataban, lo haría mi prima. - PARA YA! - de golpe paro, lo que me sorprendió – Gracias.

Alejandra me miro con un tono gracioso.

- No lo hecho por ti. Hemos llegado a la guarida de un semidiós. - levanto el brazo y apunto.

- Tú estas segura?.. de quien es hijo este semidiós – la mire extrañado.

Ella estaba tan extrañada como yo, incluso saco el mapa para ver si no se había equivocado.

- Te juro por Artemisa , que es aquí... - miramos ambos al frente. Era una tienda de golosinas, pastelitos, etc. Tenían una pinta. Pero para mi no vivía nadie tan fiero como para reclutarlo el primero.

- Pero de quien es hijo? - le repetí.

-... Ares... - me aguante una carcajada. Ella seguila en Shock.

- reconoce la ironía de esto.

Me dedico una mirada fulminante, y me señalo que me callara.

- ¿Quien te ha dicho que ella es uno de los 12?

- Su padre... pero no estaba muy contento.

- Supongo que ningún padre quiere que su hijo vaya a la guerra. - Al menos los míos no, me ahorre.

- no conoces a Ares?

- Pues no. pero tampoco a mi padre así que – dije vacilandole un poquito

- Ares es el dios de la guerra. Encantado esta de que sus hijos combatan. Pero con este... no se veía muy...

- Pues entremos y descubramos que es lo que el dios de la guerra quiere esconder.

Yo y Alejandra bajamos de la moto, y entramos a la tienda. Un dulce aroma a dulces y pastas envolvía la tienda. Me recordaba a casa de mi abuela. Entonces pensé si era mi verdadera abuela, pero si era por parte materna. Seguí sonriendo.

Una anciana de apariencia dulce salio de la trastienda.

Mire a Alejandra.

- Si es la Hija de Ares lo llevamos claro – me golpe con el codo en las costillas – solo bromeaba... jo.

- Hola queridos – flipe en colores, entendía el Italiano? Desde cuando y porque? - En que puedo ayudarles?

- Hola buena señora. Buscamos a alguien en concreto – “Ahí con tacto bonita” pensé. Pero de golpe me fije que Alejandra, también hablaba correctamente ele italiano. Mientras la señora dudaba se me acerco Alejandra – Los semidioses que saben sobre su condición, pueden hablar cualquier idioma que necesite - ¿Donde estaba esa habilidad en mis exámenes de la E.S.O. me hubiesen ido perfecto.

La mujer se puso nerviosa.

- Aquí solo vivo yo y mi nieta. - Nieta... chica... ¿sería por eso que Ares no estaba encantado de que fuese ella la que la hija de la profecía?

- Señora sabe si su nieta es de meterse en peleas o...

La mujer furiosa.

- Dile a su padre que ya hizo suficiente destruyendo lo poco bueno que quedaba en mi hija, no dejare que toque a mi nieta. - de golpe la vi empalidecer, y como agarraba su pecho. Parecía que se ahogaba.

- Oh dios mio! - pegue un salto detrás del mostrador – respire, tranquila con suavidad.

Entro entonces una chica más o menos de nuestra edad. Tenía el pelo naranja como el fuego, una piel morena, unos ojos marrones que estaban detrás de unas gafas. Llevaba puesta una cazadora roja, con unos pitillos vaqueros y convers negras. Y una camiseta con un SMILE. Al ver la escena, tiro al suelo la carpeta, y los libros al suelo.

- Abuela – grito.

Alejandra la miro con cara de asco y sorpresa.

- ¿Es esta? - dijo Alejandra sin quitar esa cara.

- Ale, ahora no tía. - la chica se me acerco, intentando coger a su abuela.

- Abuela, respira... respiiiiraaa. Como es la canción esa que cantas, que hace que te calmes. La que te cantaba el abuelo – y por raro que parezca, la conocía. No dijo nombre. Ni siquiera la tarareo y comencé a cantarla. Ambas se sorprendieron. Yo más. Pero conseguí que la pobre mujer se tranquilizara.

La anciana me sonrió

- Preciosa voz hijo.

- Gracias – En verdad mi voz había mejorado muchísimo, y eso que ya no cantaba fuera de la ducha. Quizás es por serme rebelado que soy hijo de Apolo, y el es el dios de la música, mi voz y otras habilidades han mejorado. Sera por eso también que me sabía la canción... pues que no jueguen conmigo al party en la sección de arte.

- ¿Quien sois vosotros? - decía la chica, muy modosita. No me había fijado, pero era bajita. Me llegaba a la altura de los ojos. Yo la miraba mientras la ayudaba a poner en pie a su abuela

- Me llamo Elía – le dije sonriente.

- Hijo de Apolo – continuo Alejandra. Yo le dedique una mirada de odio. - ¿Qué?

- Hijo de Apolo, Hijo de Apolo. ¿Qué pasa? Ahora cada vez que diga mi nombre tengo que decir hijo de Apolo?!

- Sí.- dijo mientras me miraba con cara de que yo esturdiera loco.

La chica incorporo a su abuela en una silla. Una vez acomodada su abuela, le acaricio la cara sonriendo. Se giro y hablo.

- Veo que sientes un gran cariño por tú padre. - los dos nos sorprendimos – Si se que y quien soy. O mejor dicho de quien soy hija. Y como tú Elía no me gusta presentarme así. Pero por tu amiga lo are... Soy Marcia, hija de Ares, el mamón de la guerra.

- Niña esa boca! Qué es tu padre. - decía la abuela golpeándola con una mano.

- Pero si tu le odias igual que yo Nana.

- Ya pero yo soy vieja y digo lo que quiero. Tú debes de mostrar respeto a tu padre – acto seguido me miro a mí – Los dos.

- Marcia yo... - empezó a decir Alejandra.

- Cia - le interrumpió

- ¿perdona?

- Llamame Cia. Me gusta más.

- Tu diminutivo y siendo la hija de quien eres, es una combinación graciosa – ambas me miraron con una cara... me acojonaron.

- Como iba diciendo... soy Alejandra, hija de Artemisa... y e venido a reclutarte. - decía con tono formal y estricto.

Yo, Cia y Nana la miramos con cara de pasotas, que nuestras tres expresiones decían los mismo “En serio?!”

- Ni de coña – dijo seca

- ¿Perdona?!

- Que paso.

- El olimpo te necesita Cia. Tu padre... - Alejandra le insistía.

- Mira... Alejandra... tú no sabes nada de mí. Yo soy una chica que intenta llevar vida normal vale? Estudio, trabajo. No tengo muchos amigos... vale solo tengo uno y es un pez. Pero no significa que vaya hacer las puñeteras maletas, para seguir una cruzada que el todo poderoso Ares me ha pedido, el dios que va a ganar el pin al peor padre, porque ha ignorado a su hija 19 años. Te digo cuando fue la ultima vez que le vi?! Cuando salí de su...

- Niña! - la interrumpió la Abuela.

Joder para ser una chica modosita, joder como casca. Parece que su boca la haya hecho un camionero...

- Hablas igual que Ares – dijo Alejandra

o como su padre. Acabe de pensar.

Cia parecía cabrearse por segundo sus ojos se estaban volviendo rojos.

- Mira... - respiro y expiro unas cuantas veces - … Alejandra. No te conozco. Ni tu a mí. Tu haces caso a los dioses. Yo no. Ellos no han hecho nada por mí. Y yo no lo haré por ellos. Mi lealtad como tu dirías no es para el olimpo... es para mi abuela que me ha criado. Así que os podéis ir.

Señalo la puerta. La abuela nos miraba preocupada. Yo le sonreí.

- Vale – las tres nos miraron – lo comprendemos. Pero yo te pido algo... cuidaos mucho. Sois dos personas, una de ellas un poco brusca, pero dos personas que se les ve buena gente... Vamos Alejandra, no nos la podemos llevar a la fuerza.

Camine hacía la puerta abriéndola y marchándome. Cia agarro con inseguridad a Alejandra, pero firme.

- No me vuelvas a decir que me parezco a Ares... no soy en nada como él.

La soltó y cerro la puerta.

- Bueno ha ido genial eeh. - mire Alejandra, la cual estaba furiosa – No estés enfadada prima, no podíamos hacer nada.

- La necesitamos.

- Dale margen para asimilar, y lo entenderá – Mire hacia el cielo el cual aún desprendía una débil lluvia, pero constante. - ¿Quieres un café?

- Con ambrosía... - Eso me sonaba a droga. Ella sonrió – Es el néctar de los dioses, sabe a felicidad

Asentí con curiosidad. Tenía buena pinta.

- Con que felicidad... pues vamos. Quiero felicidad liquida.

Empezamos andar, y me fije que una figura estaba al otro lado de la acera observando la tienda. Vale que no estaba cayendo el diluvio universal, pero hacia frío. Volví la atención en Alejandra.

- Vamos prima , y aprovecharemos para contarnos nuestras vidas.

No me fije pero la figura comenzó a sonreír de manera siniestra.


En la trastienda, donde estaba la casa de Cia y su abuela, ellas discutían.

- Abuela no me iré con ellos, y mucho menos a proteger a mi padre. - decía con voz segura Cia.

- Cia, cielo. Sabes lo que significa tu nombre – Cia suspiro, poniendo los ojos en blanco – Significa...

- Sí Nana! Lo se! La consagrada a Marte. Marte es el equivalente romano de mi padre, Ares – la abuela la miro con mala cara.

- Ami no me trates como a una vieja chocha niña – Cia le sonrió, y rápido la abrazo. Su abuela le devolvió el abrazo – Sabes que Ares no es dios de mi devoción. Todo lo contrario. Compre todo libro, figura y cuadro donde el salía sufriendo. Pero nunca le podre pagar lo suficiente el haberme dado una nieta, tan maravillosa como tú. Así que Cia... ayuda a esos chicos... al fin y al cabo son tus primos...

- No puedo abuela... Alguien tiene que cuidar de ti.

- Niña! Tengo 78 años. No necesito una canguro.

Cia comenzó a reír. Ambas se asomaron al oír la campanita que sonaba cuando alguien entraba en la tienda. Cuando las dos salieron, en medio de la tienda había una mujer, con una gabardina gris y un sombrero antiguo. Cia sintió un escalofrió. He hizo que su abuela se quedara dentro.

- Hola... en que puedo ayudarle? - la mujer no respondió, siguió con la mirada en el suelo – Hola?

De golpe sonrió demostrando una hilera de dientes afilados.

- Hija de Areees – dijo con una siniestra voz. Pego un salto dirección a Cia.

- MARCIA CUIDADO – Grito la abuela.


Mientras eso ocurría Alejandra entro en una tienda de armas, yo la espere fuera bebiéndome mi café. Si que estaba más bueno con ambrosía, y si... sabía a felicidad. Me pare a pensar lo ocurrido estos días atrás, y de golpe me dio tristeza. A cuantos íbamos a sacar de sus casas y hacer que abandonaran a su familia igual que yo... y todo por unos padres que ni nos han dado la hora... Ares... Apolo... ambos se habían coronado. A mí al menos me mando un perro guardián y un repele monstruos... pero Ares a Cia?

Entonces salio Alejandra sonriendo. La felicidad que le daban las armas era preocupante. Pero siendo hija de quien era, normal.

Se me acerco con un dos paquetes grandes. Y yo la mire extrañado.

- Tanto as comprado? - ella sonrió y extendió su brazo. Donde había un paquete alargado.

- Este es para ti – la mire sorprendido. Rápido solté el café y lo abrí. Era un arco, y flechas. Llamadme raro, pero me hizo tanta ilusión. Que solo me salio abrazarla.

- Gracias prima – ella se ruborizo. Y sonrió. - Reconoce que comienzas a bajar la guardia conmigo... - le dije con tono divertido.

- Callate – me miro sería – sabes que eso que me llames prima... no es del todo correcto...

- ¿Porque no? Eres hija de Artemisa, la hermana de mi padre. Eres mi prima.

Ella titubeo, me miro y dijo

- Es que no soy hija de ella... biológicamente hablando – la mire confuso – digamos... qué me adopto.

- Explicate... - si aveces no me entero de las cosas.

- Vale... - suspiro y empezó hablar – Mi verdadera madre murió al ser yo muy pequeña. Desde entonces mi padre me crio solo, hasta los 6 años, que todo cambio. Un día mi padre me llevo al bosque, ya que él debía estudiar la flora del lugar. Yo era pequeña y me aburría, así que mientras me puse a jugar, alejándome más de él, y mientras jugaba encontré un conejito blanco, con el que me puso a jugar. Lo que yo no sabía era que el conejo era uno de los animales de Artemisa. Aquello a la diosa le gusto, ver como disfrutaba. Pero ninguna vio como un cazador se acercaba. El conejito se escapo de mis brazos, al mirar el porque se escapaba, le vi. Aún cazador. Apunto a disparar. Antes si quiera que Artemisa o mi padre, pudieran hacer nada. El cazador disparo, pero me puse en medio salvando al animal. Mi padre corrió en mi auxilio. Desesperado pedía ayuda. Las Keres aparecieron. Y el hombre se asusto. Pero también apareció Artemisa diciendo que no podían tocarme. Mientras se acercaba, se hizo un corte en la mano, y le propuso a mi padre salvar a su hija a cambio de poder criarla como una semidiosa y como su primera e única hija, ya que su sangre la convertiría en ello. Mi padre dudo, porque el quería criarme también. Y llegaron al acuerdo que medio año cada uno, hasta que yo eligiera a los 16 con quien quedarme. Artemisa me dio de beber su sangre. Cuando me recupere, Artemisa detuvo al cazador que había huido, lo cazo y convirtió a ese despreciable hombre en un árbol, para que al menos no quitara más vidas, si no que las proporcionara... - flipe en colores. Vaya cojones tenía Alejandra con solo seis años - … y al cumplir 16 ya tenía tantos peligrosos y mortales enemigos, que decidí quedarme con Artemisa para proteger a mi padre. - Me miro – Por eso te digo, que no somos primos.

- Haber – me puse serio – Eres “legalmente” Hija de Artemisa

- Sí.

- Tienes su sangre... o al menos una poca.

- Sí – repitió.

- Artemisa te quiere y cuida como una madre, o al menos una madre diosa.

- Sí.

- Pues entonces eres mi prima. Tenemos un poco de la misma sangre, me caes bien y tu madre adoptiva es mi tía. Me da igual que nacieras de otra mujer, eres mi prima.

Alejandra sonrió

- Eres cabezota.

Asentí sonriendo.

- No sabes cuanto – los dos nos echamos a reír cuando vimos a mucho gente corriendo.

- Perdone ¿pero que ocurre? – le dijo Alejandra a un hombre que huía de algo o de alguien.

- Un... un monstruo, atacado.... la tienda de la anciana,la Piccola Dolce. - el hombre siguió corriendo.

- esa no es... – le dije Alejandra que no acabe la frase y ella ya estaba corriendo calle abajo. Yo la seguí lo más cerca posible.

Cuando llegamos vimos el escaparate reventado y un buen trozo de la tienda derrumbado.
Entramos como pudimos, pero no veíamos nada. Alejandra cerro los ojos y se concentro. Yo la iba a interrumpir pero decidí que mejor, me callaba y le dejaba hacer. De repente abrió los ojos y señalo debajo de un buen montón de escombros, que allí estaban las dos. Conseguimos apartar un buen trozo, y allí estaba Cia aguantando los escombros, para que no aplastaran a su abuela.

Una vez conseguido liberarlas, oímos una risa. Nos giramos y vimos a esa mujer de antes, la que estaba bajo la lluvia, encima de una estantería que aún se mantenía en pie.

Alejandra saco el arco y la apunto. Yo hice lo mismo. De repente me sentí tan... poderoso. Vaya chorradas digo a veces.

- Tened cuidado – dijo Cia que ayudaba a incorporarse a su abuela – es una Harpía.

- Nos si pinta de cabrona tiene, pero...

- Una Harpía es un ser con apariencia de hermosa mujer alada , cuyo cometido principal era hacer cumplir el castigo impuesto por Zeus a Fineo: valiéndose de su capacidad de volar, robaban continuamente la comida de aquél antes de que pudiera tomarla.

- Aahh... Que bien... Pero aquí no hay ningún FideoAlejandra me miro, con una de esas miradas heladas.

- Fineo!... por que ahora son mercenarias a sueldo. El que mejor les pague, ellas los destruye.

- Y ahora destruiré a la hija de ARES! - Pego un salto y se convirtió en una criatura espantosa. cuerpo de ave de rapiña, horrendo rostro de mujer, orejas de oso y afiladas garras. Los cuatro nos tiramos al suelo.

- Eso es una bella mujer?! Hija informate mejor – le dije Alejandra, que solo se molesto a levantarme el dedo corazón. Se incorporo de un salto y comenzó a lanzar flechas. - Cia saca de aquí a tu abuela! - la Harpía me lanzo por los aires. Les estaba pillando una manía a las aves...

- Nana, venga vamos...

- Cia ellos te necesitan.

- No! Tú me necesitas. Te tengo que proteger.

De golpe la Harpía la agarro del cuello, por detrás. Apretándole cada vez más. Alejandra mientras estaba inconsciente en el suelo. La tía bestia le había lanzado una estantería...

La abuela de Cia se levanto rápido y le hizo un placaje a la Harpía, mientras gritaba <<suelta a mi nieta zorra>>. La dulce anciana no se donde se metió en ese momento, porque de aquello dulce no tenía nada. Ambas cayeron por el suelo. Cia se levanto rápido para ayudar a su abuela, pero la Harpía tenia otros planes. Lanzo a Cia al otro lado de la tienda, y justo donde yo estaba entrando de nuevo a la tienda, después de volar unos metros fuera.

- Tu segunda hija de Ares. Primero la anciana – la Harpía agarro a la abuela por el cuello. Y dios... como amo a esa anciana y a su valor. La mujer le escupió en la cara.

- Mi nieta te va a matar... Arpía! - La harpía enfurecida le atravesó el pecho a la anciana. Cia se quedo blanca, y yo rápido agarre el arco de Alejandra, ya que el mio no sabía donde estaba. Y me dispuse a disparar, pero la criatura uso a la abuela como escudo. - Ci... Cia... - la abuela aun estaba viva – mata...la... por mi.

La Harpía saco el brazo, y en su mano estaba el corazón de la abuela, y se puso a reír. Yo sentí como si en mi ardiera el mismo sol. Me prepare para disparar, apunte y solté la flecha la cual comenzó a brillar, he hizo que la Harpía atravesara la pared.

Intente despertar Alejandra, la cual comenzó a incorporarse y ver lo que había ocurrido. Ambos miramos a Cia la cual estaba de pie mirando hacia el suelo. La Harpía volvió ha entrar a la sala, sonriendo, ensangrentada. Pero sonriendo.

- Es lo único que tenéis diosecillos. - Nos decía vacilando. Ahora si que la mataba a esa arpía Harpía. También comprendí el porque de ese nombre.

- Tú... - dijo Cia - … has matado a la única familia que me importaba... tú... - levanto la vista, y sus ojos marrones ahora eran rojos como la sangre. Creo que en ese momento me mee encima.

Alejandra me agarro del brazo y me indico que me escondiera detrás de la estantería que había volcada. Y yo no rechiste, pero ambos nos quedamos asomados para ver que ocurría. Alejandra solo me dijo <<Tiene los ojos de Ares>>

Cia dio un paso adelante. Y de repente comenzó a correr hacía la Harpía la cual despego el vuelo. Pero Cia dio un salto agarrándola del ala, la cual le arranco de raíz. La criatura no dejaba de gritar. La agarro de una pata y empezó a golpearla de un lado para otro. Me recordó a la escena de Hulk contra Loki de los vengadores... solo que con más sangre. Ya de la criatura quedaba menos. Pero Cia seguía golpeándola, creo que le reventó el cráneo. Incluso hubo un momento que la criatura desapareció, señal de que ya estaba muerta, y ella seguía golpeando al suelo.

Yo no sabía como pararla, y acercarme ni loco, que ya había visto lo que le había hecho a la harpía y no quería acompañarla. Pero entonces me puse a cantar la canción que ella le dijo a su abuela. Pensé que así se tranquilizaría. Estuve cantándola un par de mi minutos y ella dejo de golpear el suelo, se giro rápido hacia nosotros... allí me hice popo encima, tengo que reconocerlo. Pero al fijarme tenia los ojos normales. Pero no paraba de llorar, se acerco a su abuela y la abrazo mientras ella cantaba. De golpe susurro un <<Lo siento Nana...>>. Mire Alejandra llorando, aquello me rompía el corazón. Y ella también estaba llorando. Supongo que los dos pensamos lo mismo. Que eso les podría pasar a nuestras familias si estábamos cerca de ellos.

Nos quedamos asta después del entierro. Una vez finalizado, nos disponíamos a despedirnos.

- Ahora que aras? - dijo Alejandra sería.

- Aún tenemos un sitio libre para ti – dije con una sonrisa compasiva.

-... Os acompañaría, pero sería falso por mi parte. Ya que no siento ningún tipo de respeto hacía mi padre o hacia el Olimpo. - bajo la mirada.

La mire serio. Inspire y comencé hablar.

- Pues no lo hagas por ellos. Hazlo por esos semidioses que sus familias han estado en peligro, están o estarán, por culpa de un enemigo que desconocen. Se su defensora. Y por tu Nana. Para encontrar aquel que envió la Harpía y hacerle las mismas caricias que le hiciste a esa. - le sonreí al final.

Cia nos miro, después hacia el suelo, y de recojo miro a Alejandra.

- A partir de ahora, deja que Elía convenza a la gente de que se nos una. Es más convincente.

Alejandra sonrió asintiendo.

- Muy bien iré con vosotros. Pero yo eso de pegarme no se me da bien.

Yo y Alejandra la miramos serios. Ella nos miro dudosa.

- HA OTRO CON EL CUENTO – le dijimos ambos.

Cia sonrió, y yo le pase el brazo por los hombro y mire Alejandra.

- ¿Hacia donde queridísima prima?

- Alemania... tenemos que encontrar al hijo de Hades.


- … Va ser divertido – dije con sarcasmo.

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